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LAS MADRES DE LA PATRIA

Mujeres no reconocidas en nuestra historia

La participación fundamental de las mujeres en el proceso de Independencia

 

LAS MADRES DE LA PATRIA

 

La participación fundamental de las mujeres en el proceso de independencia de la corona española fue el puntapié inicial de lo que sería el camino de emancipación moral y social del sexo femenino, que recién se consolidaría en el siglo XX con el reconocimiento de varios derechos.

Nuestra independencia contó con el aporte decisivo de cientos de mujeres que actuaron como espías y emisarias, valiéndose de su presunta debilidad y desinterés político para infiltrase en el ejército enemigo.

Además, participaron en la organización de redes de información en las que actuaban como correos, proporcionando información muy valiosa al ejército patriota; y también en la organización de protestas; en la propagación de las ideas patriotas y en la persuasión entre los ejércitos realistas.

Para discernir el papel de las mujeres en aquella época, podemos señalar que colaboraron en todo cuanto estuvo a su alcance: transportaron alimentos, ropas y material bélico; cocinando, e incluso atendiendo a los heridos.

Estas compañeras de batalla no sólo no contaron con ningún tipo de homenaje, sino que ni siquiera fueron incorporadas en la historia, e incluso muchas de ellas aún hoy permanecen en el anonimato.

Según la filósofa e investigadora venezolana Alba Carosio, "este olvido histórico tiene relación, por un lado con el papel subordinado y la discriminación del conjunto de las mujeres en la sociedad, y por otro con la negación del colectivo de ellas, constituido por mujeres del pueblo pobre, quienes hicieron posible los históricos cambios sociales".

 

JUANA AZURDUY. Nació el 8 de marzo de 1781 en Chuquisaca, Bolivia, y se casó con el comandante Manuel Asencio Padilla.

En aquella época, las mujeres no solo eran excelentes espías sino que algunas de ellas, como doña Juana Azurduy de Padilla, comandaban tropas en las vanguardias de las fuerzas patriotas. Azurduy fue una estrecha colaboradora del líder de la guerra gaucha, Martín Güemes, y por su inmenso coraje fue investida del grado de teniente coronel con el uso de uniforme, según un decreto firmado por el director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Martín de Pueyrredón, que hizo efectivo el general Manuel Belgrano al entregarle el sable correspondiente.

 

FRANCISCA BAZÁN DE LAGUNA. Francisca Bazán de Laguna, nacida hacia 1744, fue quien donó la casa para que el Congreso pudiera sesionar, y fue donde finalmente se declaró la independencia en 1816.

El caserón formó parte de su patrimonio en 1762, cuando se casó con el español Miguel de Laguna y Ontiveros, de quien quedó viuda en 1806. En 1874, la casa fue adquirida por el Estado, y en 1941 se la declaró Monumento Histórico Nacional. Tras sucesivas refacciones, se reconstruyó su aspecto original. Hoy funciona en ella, el Museo Casa Histórica de la Independencia, que puede visitarse en la calle Congreso 141 de San Miguel de Tucumán, Tucumán.

 

MARÍA LORETO SÁNCHEZ DE PEÓN DE FRÍAS. María nació el 3 de enero de 1777 en la ciudad de Salta,

Se casó con el patriota Pedro José Frías Castellanos.Fue quien lideró la organización de mujeres que efectuó las tareas de espionaje y sabotaje contra las fuerzas realistas que ocupaban su ciudad durante la Guerra de Independencia de la Argentina.

 

MACACHA GUEMES. María Magdalena Güemes de Tejada alías Macacha, hermana del general Martín Miguel de Güemes, de quien fue una de sus principales colaboradoras, nació el 11 de diciembre de 1787 en Salta. 

En 1803, con apenas 16 años, contrajo matrimonio con don Román Tejada, perteneciente a una antigua familia de Salta. Su acción en favor de la causa patriota se inició poco después de la Revolución de Mayo, cuando convirtió su casa en taller de confección de uniformes para los soldados.

Macacha se encontraba en su casa cuando la noche del 7 de junio de 1821 su hermano Martín arribó a su casa diciéndole que había recibido su mensaje, a lo que María respondió que no lo había mandado llamar. En aquel momento, ambos comprendieron que se trataba de una emboscada realista. Aquella noche, Güemes salió de la casa de Macacha y en la esquina de las actuales calles Belgrano y Balcarce fue alcanzado por una bala que lo hirió mortalmente.

Querida y respetada por el pueblo, debido a su valentía y generosidad, Macacha falleció en junio de 1866, a los 90 años de edad.

 

JUANA MORO DE LÓPEZ. La comunicación, interceptada por los patriotas, es un claro testimonio de la actuación de las mujeres. Una de las que desvelaba al jefe realista era la jujeña Juana Moro de López, delicada dama que humildemente vestida se trasladaba a caballo espiando recursos y movimientos del enemigo.

En una oportunidad fue apresada y obligada a cargar pesadas cadenas, pero no delató a los patriotas. Sufrió el castigo más grave cuando Pezuela invadió Jujuy y Salta. Juana fue detenida y condenada por espionaje a morir tapiada en su propio hogar. Días más tarde una familia vecina, condolida de su terrible destino, oradó la pared y le proveyó agua y alimentos hasta que los realistas fueron expulsados. Consecuencia de la difícil situación que atravesó fue su apodo: «La Emparedada».

 

MARÍA REMEDIOS DEL VALLE . Muy nombradas y poco conocidas son «las niñas de Ayoúma», aquellas que asistieron al derrotado ejército de Manuel Belgrano en Vilcapugio y Ayohúma en actual territorio boliviano.

Una de ellas deambulaba dos décadas después por la plaza de la victoria y las iglesias del centro de buenos aires. Al verla, el general juan josé viamonte, le preguntó su nombre. Es ‘La Capitana’, la que nos acompañó al Alto Perú, es una heroína! Exclamó Viamonte. Condolido de su suerte le gestionó una pensión que no prosperó.

El proyecto fue tratado en la Legislatura, pero algunos Diputados pidieron informes y alegaron que Buenos Aires no podía recompensar por servicios prestados a la Nación. Entonces Viamonte expresó:

«Yo no hubiera tomado la palabra porque me cuesta mucho trabajo hablar, si no hubiese visto que se echan de menos documentos y datos. Yo conocí a esta mujer en el Alto Perú y la reconozco ahora aquí, cuando vive pidiendo limosna… Esta mujer es realmente una benemérita. Es bien digna de ser atendida porque presenta su cuerpo lleno de heridas de bala, y lleno también de las cicatrices por los azotes recibidos de los enemigos, y no se debe permitir que deba mendigar como lo hace».

El doctor Tomás de Anchorena, quien había sido secretario del general Belgrano en la campaña del Alto Perú, dijo:

«Era la única persona de su sexo a quien el riguroso Belgrano permitía seguir la campaña del ejército, cuando eran tantas las que lo intentaban. Todos la elogiaban por su caridad, por los cuidados que prodigaba a los heridos y mutilados, y por su voluntad esforzada de atender a los que sufrían. Su misma humildad es lo que más la recomienda».

Se acordó reconocerle un sueldo, crear una comisión que redactase y publicase su biografía y diseñase un monumento en gratitud a sus servicios. Nada de eso ocurrió. María Remedios murió en la miseria.

 

GERTRUDIS MEDEIROS Joven viuda de Juan José Fernandez Cornejo, todavía llora sobre su sepultura junto a sus 3 pequeñas hijitas cuando por orden de Pío Tristán es tomada prisionera. Parte de su casa es convertida en cuartel y el resto demolida para construir trincheras.

Cuando Manuel Belgrano triunfó en Salta, ayudado por hábiles mujeres como Juana Moro y Martina Silva de Gurruchaga, que capitaneando la tropa que formara se presentó en el campo de batalla, Gertrudis recuperó la libertad pero quedó en la pobreza. Al año siguiente su hacienda, ubicada sobre el camino entre Salta y Jujuy fue asaltada. Desesperada resistió junto a los escasos gauchos que trabajaban sus tierras, pero tanta valentía no fue suficiente. Los restos de anteriores saqueos, cosechas y ganado, fueron arrasados.

Los pobladores de Campo Santo, indefensos, la vieron amarrada a un algarrobo que aún se conserva y cuyo follaje recuerda a la heroica mujer. Encadenada fue llevada a Jujuy. El maltrato reafirmó su patriotismo y estando presa informaba sobre el enemigo al Gral. Güemes. Bajo sospecha, fue sentenciada a morir en los socavones de Potosí pero huyó la noche antes de ser trasladada y regresó a Salta.Ante una nueva invasión se refugió en Tucumán. 

Gertrudis, la valiente espía, la heroica madre, todo lo había perdido. Pidió que se le otorgara una pensión pero no fue escuchada. Murió en la pobreza, cubierta por el manto del olvido.

REMEDIOS DE ESCALADA DE SAN MARTÍN. 

Remeditos se casó con José a los 15 años pero vivió escaso tiempo a su lado. En Mendoza bordó la Bandera de Los Andes, contribuyó a equipar el Ejército y acunó a su única hija, Mercedes Tomasa. Cuando San Martín cruzó la Cordillera ella regresó a Buenos Aires donde la soledad azotó sus días y la enfermedad se adueñó de su cuerpo que a los 25 años fue sepultado en La Recoleta.

Murió clamando hasta el último aliento de su vida, por ver a José. No pudo ser.
La pequeña Mercedes quedó al cuidado de sus parientes y se reunió con su padre varios años después para emprender el penoso camino del exilio.

 

MARIQUITA SANCHEZ DE THOMPSON. Su origen y sus dos matrimonios le aseguraron una posición social de "primera línea", pero demostró que su personalidad bastaba para colocarla en el nivel que ocupó. Llenó muchas páginas de la pequeña historia y se convirtió en símbolo de la mujer argentina del pasado por la brillantez de su desempeño y la franqueza de sus actitudes.

Nacida en Buenos Aires el 1º de noviembre de 1786. Antes de cumplir quince años se enamoró de su primo Martín Thompson y se comprometió, contra la opinión de sus padres. Empecinada, se presentó al virrey Sobremonte para que dejase sin efecto los arreglos que había hecho la madre -el padre ya había muerto- para casarla con Diego del Arco. Cerca de un año después de iniciado el juicio, los enamorados obtuvieron la autorización y la boda se realizó el 29 de julio de 1805. Mariquita abrazó con fervor la causa de la libertad y colaboró con todas las empresas patrióticas de la Revolución de Mayo.
Su casa de la calle Umquera, más conocida por todos como “del Empedrado” o “del Correo” (actualmente calle Florida al 200) acogió a las personalidades de su época, atraídas por la hospitalidad graciosa y espiritual de la dueña. Los problemas más delicados eran debatidos allí, lo mismo que los temas literarios.
En 1812 heredó la "Quinta Los Ombúes", en San Isidro. En ese célebre salón se cantó por primera vez la "Marcha Patriótica", actual Himno Nacional Argentino, el 14 de mayo de 1813. Esa casa fue declarada Monumento Histórico Nacional en el año 2007.

 

Y seguramente nos olvidamos nosotros en este pequeño homenaje, de muchas otras más que lucharon por la libertad de nuestra Patria, por todas ellas SALUD!

 

 

Fuente: Comunicación FEDESAM

 

 

 

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